Hasta cierto punto era lógico que se esperara un concierto de Shostácovich ligero, tirando a frívolo, como prólogo al vasto drama que la Sexta de Mahler suele considerarse. Algo así como una dosis previa de optimismo que contrarrestara la corrosiva carga expresiva de una sinfonía titulada Trágica. No hubo tal. Incluso pareció que en lo ofrecido por los músicos del Mariinski se dio un cambio de papeles: la obra del ruso fue pródiga en tensión, mientas que la del bohemio lo fue en belleza plástica. Gergiev es un director forjado en el mundo dramático de la ópera y del ballet. Sabe cómo se construyen las historias. Pues bien, en sus versiones, el concierto de Shostácovich se asemejó a un drama cantado; la sinfonía de Mahler a uno bailado.El Concierto para piano, trompeta y orquesta de cuerda fue escrito entre la primavera y el verano de…
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