Ante la cochambre moral que nos rodea y que tanta gente se encarga de recordarnos incesantemente, el arte de Vilde Frang no solo es excepcional, sino también necesario. Supone un pequeño milagro que permite que nos aislemos durante un ratito del mundo de la estulticia, que nos salvemos de la profusa basura que lanzan muchos medios de comunicación, muchos sistemas educativos, muchas organizaciones en general e incluso individuos en particular; pero también de nosotros mismos, porque es imposible no formar parte de lo que a uno le asquea.
De todos los artistas que han pasado esta temporada por la sala sinfónica del CCMD, Frang es probablemente lo que más se acerca al concepto de música pura, con todas sus implicaciones, desde su ámbito de la interpretación solista. Su forma de proceder capta la atención inmediatamente, y en una crítica o…
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