Un día después del estreno mundial en Dresde, Richard Strauss llevó El caballero de la rosa al imponente edificio de la Ópera de Nuremberg, para encontrarse con la “peor orquesta de mi vida, (y eso que he dirigido muchas en casi todo el mundo civilizado). Sólo una vez, en Lemberg de Galizia encontré algo parecido. En muchas poblaciones más pequeñas que su gran ciudad he encontrado orquestas de mejor preparación y calidad.” El propósito de esta amonestación al anonadado intendente de Nüremberg era obligarlo a las subvenciones necesarias para uno de los teatros donde el compositor podía hacer buenos negocios con sus óperas. Y le hicieron caso ya que en 1930 Strauss reconoció que “Nuremberg tiene ahora un teatro musical de primera clase.” Justo a tiempo para sufrir, a partir de 1933, las representaciones de Maestros Cantores que cerraban…
Comentarios