Hace tiempo que la forma de interpretar los tempi en la sinfonías de Beethoven cruzó la frontera de lo que se conocía como “rápido” y se instalaron en las fértiles tierras de la normalidad, casi siempre desde la edición de Jonathan del Mar y con unos criterios que intentan acercarse a lo señalado por el propio Beethoven. En el Centro Cultural Miguel Delibes, maestros como Lionel Bringuier o Andrew Gourlay se han adscrito a esta realidad, y algunas grabaciones discográficas, como las últimas integrales de Abbado y Chailly, han contribuido a popularizar este concepto, que cambia las posibilidades musicales desde las que pueden afrontarse estas sinfonías.
La Quinta, que ante todo y sobre todo es un prodigio de construcción de un gran edificio con ladrillos minúsculos, ha sido moldeada al antojo de quien la dirigía según épocas y tradiciones,…
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