El Concierto para violín de Schumann, obra de rigurosa construcción alemana, no es muy popular, aunque su historia sea interesante —se describe en las notas al programa de Xoán Carreira— y el tratamiento que hace el violín desde células a veces muy simples resulte glorioso en gran parte de la obra. Esencialmente es una pieza dificilísima que no permite grandes triunfos cara a la galería, y hay que pensárselo dos veces antes de tenerla en repertorio. Por ello, se debe agradecer a Isabelle Faust que la interpretara con semejante musicalidad, desde un trabajado y lírico fraseo que sin embargo combinó a las mil maravillas con un ímpetu nada demodé y al que su Strad, de sonido sorprendentemente seco (quizá necesite algún ajuste), le daba una pátina especial. La afinación no fue perfecta en algunos ataques en forte, pero ese detalle no impidió…
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