Ha regresado el principal director invitado de la OSCyL, Eliahu Inbal, y ha vuelto a dar una lección sobre cómo lograr de una forma muy sistematizada que las cosas funcionen, y, en el caso concreto de esta Leningrado, que alcancen cotas de excepcionalidad. Es cierto que Inbal normalmente está dirigiendo programas de gran repertorio en los que es muy difícil no alcanzar cierto éxito (“así se las ponían a Fernando VII”, escuché a la entrada del concierto), y que otros deben lidiar pisando terrenos menos seguros; pero también es verdad que los éxitos pueden tener distintos matices, y que para montar una Séptima de Shostakóvich con tan buenos resultados globales hace falta tener muy claro a priori lo que funciona y cómo transmitirlo a la orquesta.
Hace tiempo que Inbal encontró su fórmula con Shostakóvich, a la que, en lo que yo he alcanzado…
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