La Sala Palatului de Bucarest –ejemplo de la arquitectura oficial que se hacía en los mejores tiempos de la oprobiosa – no fue concebida con la finalidad de albergar conciertos de música sinfónica, aunque sólo sea porque su aforo (casi 4.000 localidades) dobla lo que hoy se considera como el máximo aconsejable a esos efectos. Por ello, y con la finalidad de mejorar en lo posible una acústica ingratísima, los responsables del Festival Enescu han colocado grandes piezas de tela en el techo y en el fondo de la sala. A este enorme espacio le cuesta llenarse de música, pero conforme avanza la función se acostumbra uno.
Y por ese motivo es buena idea empezar el concierto con una pieza que tiene “mucha música”. El ballet Estancia es seguramente la obra más conocida del argentino Alberto Ginastera, y su número final “Malambo” una de las propinas…
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