Después de una temporada muy wagneriana, y recientes aún Meistersinger y Walküre en Bayreuth, pensé que sería interesante contrastar dos formas de interpretar al compositor de Leipzig en circunstancias muy distintas, y pasar en poco tiempo desde la supuesta meca de este repertorio a todo lo que un pequeño teatro voluntarioso puede hacer. La conclusión era previsible: acertar o equivocarse con Wagner no es una cuestión de tradición, ni siquiera de presupuesto: García Calvo no está lejos de la excelencia de Janowski y Jordan; Castorf es monumental, pero sus ideas destrozan los mejores momentos de Die Walküre; Kosky es soberbio en lo teatral y sin embargo conceptualmente participa de algunas de las “tradiciones” más manoseadas y cansinas del Bayreuth posWieland. Y, en el Campoamor, Carlos Wagner...
Estoy siguiendo fielmente el Anillo “de los…
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