DVD - Reseñas

Juventud, divino tesoro

Raúl González Arévalo
jueves, 21 de septiembre de 2017
George Friedrich Handel: Il trionfo del Tempo e del Disinganno, oratorio en tres partes. Sabine Devieilhe (Bellezza), Franco Fagioli (Piacere), Sara Mingardo (Disinganno), Michael Spyres (Tempo). Le Concert d’Astrée. Emmanuelle Haïm, directora. Krzystof Warlikowski, director de escena. Malgorzata Szczesniak, decorado y vestuario. Christian Longchamp, dramaturgia. Felice Ross, iluminación. Claude Bardouil, coreografía. Denis Guédin, vídeo. Subtítulos en italiano, inglés, francés, alemán. Formato audio: Stereo PCM 2.0, Dolby Digital 5.1. Formato vídeo: NTSC 16:9. Grabado en el Festival de Aix-en-Provence en julio de 2016. 1 DVD de 138 minutos de duración. ERATO 0190295819361. Distribuidor en España: Warner Music Spain.
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Cuando Erato lanzó este DVD con un oratorio de juventud de Handel en versión escenificada lo acogí con un cierto escepticismo. En primer lugar, porque la obra, a diferencia de otros oratorios posteriores (Theodora), no se basa en una narración dramática, ni había sido concebida para ser representada. Y segundo, porque era realmente complicado escenificar de manera coherente una obra que no es otra cosa que una moralina católica del siglo XVIII, con personajes alegóricos que explican al público el mayor valor del alma sobre el cuerpo y la fugacidad de la juventud, engañosa en su apariencia eterna mientras dura.

Krzystof Warlikowski ha abordado la escenificación de Il trionfo del tempo e del disinganno como una fábula en la que papá Tiempo y mamá Desengaño, que por edad y experiencia saben de qué va la vida, intentan que su hija Belleza deje de ser una bala perdida. Naturalmente, Belleza se resiste, bajo la influencia de Placer. Para facilitar la identificación del público contemporáneo con los personajes, papá Tiempo es un ex-hippie en la primera parte y en la segunda ya un respetable hombre de negocios. Mamá Desengaño es la perfecta señorona burguesa desencantada que mira a su hija con cierta compasión, como si supiera que le espera el mismo destino. Placer podría ser un camello de discoteca, no se casa con nadie y está en todos los saraos: es la tentación perpetua huyendo hacia adelante. Belleza, la hija del matrimonio, es una joven-juguete roto, perdida, que se termina abriendo las venas. Y todos hablan sobre el paso del tiempo y el sentido de la vida.  Más allá de esa discusión, tan vieja como el mundo, hay una crítica feroz a la sociedad occidental, a la obsesión por la eterna juventud y al culto a la imagen; pero también a la madurez que, de aburguesada, se vuelve cínica.

Al margen de que la propuesta guste más o menos (al menos sentido tiene, lo que no es poco), lo que está fuera de toda duda es la versión musical. El atractivo de la obra es tal que otros directores barrocos han grabado buenas propuestas: Alessandrini, Minkowski, De Marchi. De hecho, esta es la segunda versión de Emmanuelle Haïm, que hace más de una década contó, para el mismo sello, con Natalie Dessay, Ann Hallenberg, Sonia Prina y Pavol Breslik. En esta ocasión resulta más dramática y menos recogida, alentada sin duda por la puesta en escena, aunque fiel a su estilo, siempre más sugerente que evidente.

Sabine Devieilhe es la gran soprano de coloratura francesa de nuestros días, y aunque muchos la proclaman sucesora de Natalie Dessay, yo la veo más en la línea de Sandrine Piau, como reveló su Ismène en el reciente Mitridate, re di Ponto de Mozart. De hecho, está más cerca de la dulzura de Piau que de la vehemencia de Dessay, más variada en el despliegue de emociones. Para muestra, “Un pensiero nemico di pace”, donde el texto requiere una interpretación más incisiva, más allá de la exactitud de la coloratura y los agudos estratosféricos. Al margen de este detalle, que no deja de ser puntilloso, la francesa aguanta el peso del protagonismo, canta divinamente y es una estupenda actriz, capaz de la introspección necesaria en “Voglio cangiar desio”.

A su lado Franco Fagioli, Piacere, está perfecto como actor y como cantante. Compone un personaje absolutamente hedonista y narcisista, como toca. En su haber dos de las arias más conocidas del compositor: “Un leggiadro giovinetto” (la futura “Venere bella” de la Cleopatra de Giulio Cesare) y “Lascia la spina”, casi tan conocida a estas alturas como la futura “Lascia ch’io pinaga” de Rinaldo.

Sara Mingardo es uno de los grandes nombres barrocos: como Desengaño está hiriente y punzante, más sobria en lo vocal que sus compañeros de reparto, como corresponde al personaje, lo que da un buen contraste con Bellezza y Piacere, incluyendo el punto de mayor madurez del instrumento.

Por último, Michael Spyres: se agotan los adjetivos para este fenómeno vocal que tanto está perfecto con Donizetti (Les martyrs, Le duc d’Albe) y el repertorio extraordinario de Gilbert-Louis Duprez, como en Mozart (Mitridate, re di Ponto) y Dvořák (Stabat Mater). En esta ocasión se impone, sencillamente, como el mejor Tiempo de toda la discografía, explotando toda la extensión de baritenor por la que es conocido, así como la facilidad para la coloratura.

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