Es llamativo que, desde la toma de posesión del austríaco Manfred Honeck (Nenzing, 1958), la Sinfónica de Pittsburgh se haya convertido en una de las orquestas norteamericanas con más presencia internacional, tanto en giras de conciertos como en ediciones discográficas. Naturalmente, esto se debe a que cuentan con buenos y generosos patrocinadores; pero también al reconocimiento de la mejora de la calidad de la orquesta en los diez años que Honeck lleva al frente: sobre todo en su cuerda, que ha ganado en cuerpo y en elasticidad. Lo cual se puso de manifiesto ya en la Obertura de concierto op. 32 de Enescu. Obra no tan fácil ni de ejecutar ni de comprender como podría sugerir su título, porque cuesta reconocer en ella esos “temas populares rumanos”, que están siempre presentes en el elemento rítmico pero no tanto en el melódico. Es una…
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