Quienes de ustedes tienen la santa paciencia de leerme saben que un servidor es proclive al repertorio procedente de la margen derecha del Rhin. De hecho, cuando vi que la temporada de la Real Filharmonía de Galicia comenzaba con este título, confieso que mi primera reacción fue dejarlo pasar; la segunda, asistir sólo al primer acto; y la tercera, quedarme hasta el final porque el primer acto me había entusiasmado. Y como el segundo acto también me gustó (como a todo el público, que aplaudió a rabiar), pues no he querido desaprovechar la ocasión de contárselo.
Además la función era en versión de concierto, de manera que se ahorra uno el tener que comentar aspectos que en una obra como esta resultan completamente supérfluos. Al fin y al cabo, La Sonnambula es la enésima ópera que trata del conflicto irresoluble entre el pecado más…
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