Y sin anestesia. Porque hay que echarle valor para presentar un programa como éste, con dos obrazas de los dos mejores compositores rusos del siglo XX, pero también con dos larguísimos ladrillos que no tienen clemencia con ninguno de los dos lados del escenario. La única concesión fue descubrir con agrado que se han renovado completamente las butacas del Palacio de la Ópera, que buena falta hacía; a cambio, en el programa de mano –que mantiene el mismo formato y el mismo número de páginas de siempre (y la misma tirada, esto es, sobra la mitad de los ejemplares que se editan)- el cuerpo de los caracteres se ha reducido. De manera que la comodidad del trasero se paga con el desgaste de las pestañas.
Al alemán Daniel Müller-Schott (Múnich, 1976) le precede su fama. Y tras escucharle esta noche compruebo que la tiene bien ganada. El sonido de…
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