Aunque la estrella de este concierto n.º 3 de temporada de la OSCyL era el reconocido violinista ruso Vadim Repin, el verdadero brillo en este programa se disfrutó en la segunda parte, gracias a una pulida interpretación del ballet El pájaro de fuego, de Ígor Stravinski, un autor cuya espectacularidad bien entendida es capaz de imponerse sobre cualquier otra circunstancia. Y es que causa entusiasmo comprobar, una vez más, hasta qué punto el director titular Andrew Gourlay tiene trabajada esta música, y cómo es capaz de otorgar transparencia e intencionalidad a una obra muy complicada, repleta de pasajes contrastantes y de un abigarrado colorido, a los que en esta ocasión se hizo justicia en 50 minutos fantásticos.
El fraseo fue primoroso dentro de la sobriedad, con transiciones cuidadísimas y a veces muy originales. Relacionado con esto,…
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