Con toda la expectación que se respiraba en el Auditorio para ver a Daniil Trifonov, el pianista ruso apenas se detuvo a saludar cuando salió por fin al escenario. Parecía arisco, deseoso de lanzarse al piano a por la exigente obra de Richard Strauss. Fue directo a por la música. Quizá aparecía así porque sabía que aquella pieza requería un ánimo especial, una cierta actitud arrolladora, apasionada, entregada y enérgica. Y así fue: Trifonov dio una absoluta exhibición técnica con la Burlesque en re menor, donde Strauss parece incluir, siempre a través de una generosa dosis de humor, todos los recursos expresivos de los que puede hacer gala el instrumento. La obra debía entenderse como un divertimento y, aún siendo página menor de la juventud del compositor, ya podía adivinarse su refinado sentido orquestal y el apasionado romanticismo…
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