Los percusionistas que han hecho carrera en solitario pueden contarse con los dedos de la mano. Evelyn Glennie, que protagonizó el concierto de temporada n.º 4 de la OSCyL, y Martin Grubinger, que ha visitado el Miguel Delibes un par de veces, quizá sean los más conocidos. El segundo actúa con una entrega sobrecogedora, y pone de manifiesto la espectacularidad de sus habilidades técnica y mecánica. Glennie intenta ir por otro lado, y lo consigue.
De hecho, Veni, veni, Emmanuel, basada en un conocido himno de Adviento, es muy potente, pero no tanto en el sentido virtuosístico como en sus efectos de contraste. La obra parece alinearse con aquello que dijo el director de cine Cecil B. de Mille: "Una película debe empezar con un terremoto y luego ir en aumento". El empleo del gong al principio hace presagiar treinta minutos moviditos, y así…
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