Éramos todos un poco más jóvenes, y algo menos viejos (incluso algunos ya no están, ni sobre el escenario ni en el patio de butacas), la última vez que Krzysztof Penderecki (Dębica, 1933) visitó Galicia, hace ya dos décadas. Corría el año 1998 cuando el compositor polaco se puso al frente de las, entonces, aún bisoñas orquestas profesionales gallegas para dirigir, en aquel febrero finisecular, a la Orquesta Sinfónica de Galicia en un programa que comprendía su Concierto para violín Nº2 "Metamorphosen" (1992-95), además de la Sinfonía Nº7 en la mayor opus 92 (1812) de Ludwig van Beethoven. Nueve meses más tarde, Penderecki se subía al podio de la Real Filharmonía de Galicia para dirigir un concierto que incluía dos páginas de su autoría, la Sinfonietta (1992) y el Concierto para flauta (1992), además de volver (¡en todo un alarde de…
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