No hay nada comparable a que algo te de refugio cuando en la calle diluvia de manera impresionante; y nada mejor que escuchar a través del cristal de la casa propia como esos jarros de agua que caen desde el cielo golpean el alfeizar y el paraguas del desprevenido viandante mientras tomas un buen tazón de caliente ungüento, de esos que dicen "resucitan a los muertos". Pero si puedes en ese momento asistir al calos de una gran representación en una buena sala, pues mejor que mejor.Y eso fue lo que ese desdichado Jueves Santo conquense nos deparó; digo desdichado puesto que el desfile procesional de la tarde tuvo que suspenderse para cuidar la policromía de pasos y el cartón de los largos capuces nazarenos. Sin embargo, la tarde supo recompensar tan tremenda desdicha en forma de una genial versión por parte de Jordi Savall y…
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