La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla nos presentaba, en su quinto concierto de abono de esta temporada, un programa a medias interesante y desigual. No es la primera vez que desde aquí nos preguntamos con extrañeza acerca de la irregularidad de los conciertos de abono del conjunto sevillano, no sólo en cuanto al repertorio seleccionado -que podría tener su aliciente y, de hecho, así suele suceder- sino por la mera duración de los mismos, que puede oscilar entre las tres horas (recordemos el, por otro lado excelente, programa Strauss del pasado mes de mayo) o los apenas sesenta minutos de música del que hoy comentamos. Igualmente, la oferta de nuevas obras y compositores no muy conocidos debería hacerse también con el tacto suficiente para atraer o no desencantar a un público siempre fiel a sus clásicos populares, máxime en los lugares…
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