Hay ocasiones en que escribir críticas o reseñas es un ejercicio un poco absurdo. Publicar sobre un concierto de una orquesta y escenario habituales se convierte en un correlato cómodo cuando todo se inserta en unos determinados parámetros, que a veces rozan lo excelente y otras se mueven en una rutina que puede incluso llegar a ser placentera. El problema de escribir surge cuando la orquesta se reconoce, pero el escenario no. Algo cambia el espacio y la totalidad de lo que ocurre en él, porque existe una nueva relación entre sus elementos.
La OSCyL es una orquesta que a veces ofrece grandes versiones. Pero no ha sido habitual ese grado de compromiso con la interpretación de una obra. No se trata de que se haya tocado la Sinfonía n.º 5 de Shostakóvich con gran perfección técnica, claridad, concentración expresiva...; o gradaciones…
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