Un grupito, como quien dice, fuimos los afortunados asistentes al magnífico recital de piano que ofreció el ruso Sergei Yerokhin con un programa de altura en el que brilló a la par su técnica virtuosística y el sentimiento interpretativo. Una verdadera lástima para quien se lo perdió y un dato más para la reflexión sobre el cómo y porqués de la gestión cultural en esta ciudad tan trompetera.La Sonata nº 6 de Procofiev (1891-1953) abrió la sesión con su carácter agresivo y radical, entre la tensión del dolor de un sordo crujir de todo cimiento del Allegro Moderato y un intimismo numinoso en el Allegreto -lírico en el Tempo di valzer lentísimo-, para alcanzar una nueva turbulencia en el Vivace. Una hermosa interpretación, de carácter, ajena a pirotecnias vacías tan propias al ejercicio virtuosístico que suele caracterizar a este programa.…
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