DVD - Reseñas

Meyerbeer en la Semana de la Moda de Milán

Raúl González Arévalo

martes, 5 de junio de 2018
Giacomo Meyerbeer: Margherita d'Anjou, ópera semiseria en dos actos (1820), con libreto de Felice Romani. Giulia de Blasis (Margherita d'Anjou), Arcangelo Carbotti (Edoardo, hijo de Margherita), Anton Rosistkiy (Duque de Lavarenne), Gaia Petrone (Isaura), Bastian Thomas Kohl (Riccardo), Laurence Meikle (Carlo Belmonte), Marco Filippo Romano (Michele Gamautte), Elena Tereshchenko (Gertrude), Lorenzo Izzo (Bellapunta), Dielli Hoxha (Orner), Massimiliano Guerrieri (un oficial). Fattoria Vittadini, bailarines. Coro del Teatro Municipal de Piacenza. Orchestra Internazionale d'Italia. Fabio Luisi, director. Alessandro Talevi, director de escena. Riccardo Olivier, coreografía. Madeleine Boyd, escenografía y vestuario. Giuseppe Calabrò, iluminación. Subtítulos: italiano, inglés, francés, alemán. Formato vídeo: NTSC 16:9. Formato audio: Dolby Digital 5.1, PCM 2.0. 2 DVD de 161 minutos de duración. Grabado en el Festival della Valle d'Itria de Martina Franca (Italia) en julio de 2017. DYNAMIC 37802. Distribuidor en España: Música Directa.

El caso de Giacomo Meyerbeer es particular entre los compositores líricos del siglo XIX. No solo por su sólida formación alemana en materia de orquestación y su vocación italiana en el tratamiento de la línea vocal, sino porque terminó definiendo ese género tan absolutamente francés que es la grand-opéra, con el que dominó la escena europea desde la atalaya de París. El reciente recital de Diana Damrau ponía de manifiesto su versatilidad, adaptándose a los parámetros de la escuela alemana, italiana o francesa, en las que desarrolló una voz indiscutiblemente propia. Quienes le acusan superficialmente de imitar a Rossini en sus óperas italianas demuestran una profunda carencia de conocimientos. Lo que no quita que ambos conocieran y ampliaran sus respectivas fórmulas, desarrollándolas a una escala no imaginada hasta la fecha, como ocurre de L’esule di Granata (1822) a Semiramide (1823), y de esta a Il crociato in Egitto (1824). 

En este contexto resulta fundamental conocer su producción italiana para apreciar no solo el camino que condujo hasta París, sino también su aportación original a la escena italiana, en la que fue, como en tantas cosas, una voz única. Se trata de una tarea de la que se ha ocupado fundamentalmente el sello británico Opera Rara, con la grabación de las primeras integrales precisamente de Margherita d’Anjou y de Il crociato in Egitto, así como de una selección de L’esule di Granata. Para las dos primeras procedió a elaborar sus propias ediciones críticas, antes de que Ricordi hiciera lo propio. Siguiendo su ejemplo, el sello italiano Dynamic no ha dejado escapar la oportunidad de ofrecer en primicia la primera grabación audiovisual de los dos títulos. 

No hay prácticamente divergencias de edición entre los discos de Opera Rara y los DVDs de Dynamic, salvo el bonus que ofrecen los ingleses con la versión alternativa del aria de la protagonista, “Dolci alberghi di pace”. Las principales diferencias son musicales. La grabación británica contaba con un reparto de primer orden, encabezado por Annick Massis, Bruce Ford y Daniela Barcellona. El Festival de Martina Franca tradicionalmente ha recurrido a intérpretes solventes, aunque no de primera línea, salvo excepciones, y generalmente en los inicios de su carrera internacional. En esta ocasión repite patrón. 

Giulia de Biasis tenía una papeleta complicada con el papel protagonista, una parte aguda que requiere un dominio absoluto del canto de agilidad. Teniendo en cuenta que se trata de una interpretación en directo y al aire libre, el resultado final es absolutamente notable, con momentos buenos, como precisamente su aria del segundo acto. Alguna incertidumbre al desgranar la coloratura y algún sonido ácido en el extremo agudo es todo lo que se puede reprochar. La personalidad escénica y la calidad del timbre son otro cantar. Por su parte, Gaia Petrone está estupenda y resiste bien la comparación con la más juvenil y aterciopelada Barcellona. Desde luego, es la voz más interesante de todo el reparto, con ella el inusual rondó final de la ópera, asignado a la mezzo y no a la soprano, gana enteros y sentido. El eslabón más débil del terceto protagonista es el tenor ligero ruso Rositskiy, eficaz, con momento notables, pero sin la seguridad, la elegancia ni el dominio de la palabra de Bruce Ford. 

La ópera requiere nada menos que tres bajos, uno de ellos buffo para el único papel cómico que Meyerbeer escribió en toda su carrera, Michele Gamautte. Precisamente Marco Filippo Romano es quien se lleva la palma por personalidad escénica y adecuación interpretativa. No era fácil no caer en el ridículo con el vestuario y el papel que le asigna la concepción escénica, pero lo cierto es que resulta cómico en dosis justas y desenvuelto en todas las situaciones. Los otros dos bajos responden más que adecuados a sus cometidos, y entre los tres sacan adelante con autoridad el número más original de toda la ópera, el trío en forma de rondó –marca de la casa– “Pensa e guarda, amico, all'erta!”, escrito para tres bajos. 

La Orchestra Internazionale d’Italia, a quien se reserva la cita más importante de cada edición del festival, ofrece uno de los mejores desempeños que le recuerdo en las grabaciones de los últimos años. La rica orquestación meyerbeeriana era un aliciente frente a otras obras belcantistas menos atentas a este aspecto, pero por el mismo motivo también podía revelar con más facilidad carencias. Hay un trabajo importante detrás, al que no es ajeno Fabio Luisi, una gran elección habida cuenta su formación italiana y su experiencia en Alemania. Con frecuencia se achaca a las óperas semiserias –género insulso en su indefinición– falta de ritmo y de interés. Basta escuchar los mejores exponentes del género –La gazza ladra, La sonnambula, Linda di Chamounix– para darse cuenta de que no tiene que ser así, aunque precisamente su carácter híbrido, con elementos de la ópera cómica y de la seria, hace indispensable la concurrencia de un director capaz de conjugarlos con naturalidad. 

La puesta en escena tiene poco que ver con la trama, en la que Margarita de Anjou, viuda de Enrique VI de Inglaterra, defiende los derechos al trono de su hijo Eduardo en otro episodio más de la Guerra de las Dos Rosas que enfrentó a los York con los Lancaster. Alessandro Talevi traslada la acción de la Inglaterra medieval a la Semana de la Moda de Milán, con toques de reality, de modo que deja fuera todo el elemento político del desarrollo para centrarse en los personajes. Surge así una interpretación un tanto disparatada aunque no exenta de eficacia, en la que la reina es una diseñadora de moda, los ejércitos escocés y francés una legión de fashion victims y el médico Michele Gamautte un espécimen a medio camino entre youtuber, influencer y comentarista de televisión. La adhesión o el rechazo dependerá de los gustos del espectador. Personalmente no me atrae particularmente, pero tampoco la encuentro imposible de ver y, como ocurre en otras ocasiones, el elemento visual probablemente distrae de imperfecciones canoras, que serían más evidentes si la grabación fuera solo en disco. 

En cualquier caso, en vista de las lagunas en el catálogo DVD de Meyerbeer (Le prophète, Vasco da Gama en su edición crítica),  como señalaba a propósito de la publicación de L’Ottocento de Elvio Giudici, la propuesta de Dynamic es más que bienvenida. Esperemos que, además de las grandes óperas parisinas, vayan viendo la luz también las demás del catálogo italiano. 

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