Aunque tuvo que sufrir la competencia futbolística de la final de la Liga de Campeones, el segundo turno del concierto de temporada n.º 17 de la OSCyL resultaba realmente atractivo, ya que estaba protagonizado por música de indiscutible calidad y gran popularidad. Además, era el segundo que dirigía consecutivamente el gran director Eliahu Inbal, que cumplió las expectativas con ciertos matices.
Su Mozart, por ejemplo, sorprendió por la nutrida cuerda, lo que obligaba a que las proporciones entre familias condicionaran el concepto y al final todo sonara un poco sobredimensionado —y cambiado— con respecto a lo que hoy es más habitual. Sí es cierto que Inbal acertó al considerar al Mozart sinfónico como un compositor serio y hasta adusto, algo que interpretativamente conviene a la escritura del salzburgués, al contrario por ejemplo que a la…
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