El programa propuesto por la Orquesta Sinfónica de Euskadi, que este fin de semana ha sustituido a la OBC, era más que tentador: el Concierto para piano y orquesta en sol de Maurice Ravel y la 8ª Sinfonía, op. 65 de Dimitri Shostacovich. El tratamiento orquestal que necesita cada una de estas obras, orquesta a dos en la primera y gran orquesta en la segunda, permitió ver como esta formación se desarrollaba en cada uno de estos registros.En el concierto para piano la orquesta dio una impresión excelente. A destacar, en primer lugar, la cuerda, homogénea y bien compactada, gracias sobre todo a unas muy buenas secciones de segundos violines y violas. En segundo lugar, los espléndidos solistas de viento entre los cuales destacaron, por el importante papel que tiene en la obra, el piccolo, la trompa (con el difícil solo agudo en pianíssimo…
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