Fría perfección pianística en el pabellón de las toses, éste podría ser el resumen del concierto dado por Josep Colom. Un recital de gélida factura, con un intérprete que se las vio y se las deseó para sobreponerse a un sector del público aquejado de esa aguda epidemia españolísima y desconsiderada de la tos constante, acompañada, cómo no, de los consabidos papelitos de celofán -móvil incluido-. Puede que por ello resultara la suya una compenetración con la partitura de pura literalidad, sin la vibración que una segunda parte como la programada haría desear.Comenzó la tarde con dos piezas de Mozart (1719-1787), de aire delicado y lírico la primera -Fantasía en re menor-, obra que prácticamente nos acaba imbuyendo de espíritu romántico, seguida de la Sonata fácil del gran salzburgués, tan conocida para los estudiantes de piano, y de muy…
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