España - Madrid

At the end, only the sound remains

Nuria Delgada

miércoles, 14 de noviembre de 2018
Madrid, lunes, 29 de octubre de 2018. Teatro Real. Only the Sound Remains. Ópera con música de Kaija Saariaho y dramarturgia de Peter Sellars sobre textos de Ezra Pound. Escenografía mural de Julie Mehretu. Vestuario: Robby Duiveman, Iluminación: James F. Ingalls, Diseño de sonido: Christophe Lebreton. Philippe Jaroussky, Espíritu de un joven y Ángel. Davone Tines, Monje y Pescador. Nora Kimball-Mentzos, bailarina. Theatre of voices, Camilla Hoitenga, flautas, Meta 4 Quartet, Eija Kankaaranta, kanteles, Heikki Parviainen, percusión. Ivor Bolton, director.
Davone Tines y Philippe Jaroussky © 2018 by Javier del Real

Si hablásemos de ópera desde una perspectiva feminista podríamos decir sin tapujos que a día de hoy no hay ni una sola ópera en toda la historia que nos represente. La ópera, ese espectro cargado de la onírica dramática que envuelve de poesía los feminicidios más cruentos se viste de amor más allá de la muerte. El romanticismo, los celos, la religión, los estereotipos, etc, son simples pretextos para dar cabida a la obra musical más lúcida de la historia. La música gira en torno a las temáticas pero va mucho más allá de las palabras que se reflejan en el texto, creando escenografías y generando sentimientos.

Ir por primera vez a la ópera después de haber estudiado un superior de música y desarrollado un trabajo en diferentes formaciones musicales y artísticas (que nada tienen que ver con la ópera) me plantea una o dos preguntas (como mínimo) existenciales: ¿Me gusta la ópera?, ¿la odio?, ¿me trae sin cuidado? Esta tercera pregunta se resbaló sin querer y es la que da sentido a todos esos años de conservatorio por los pasé sin asistir jamás a una ópera. Aparte de la orquestación que perfectamente podría admirar desde otros contextos, el compendio ópera, no me gusta, no me cuenta nada, no hay absolutamente nada nuevo (ni siquiera actualizado) en sus temáticas.

Escuchar la voz de un ángel que regresa de entre los muertos para comunicarse con los vivos me resulta desolador y no desde un punto de vista artístico o rompedor, sino todo lo contrario, resulta desolador el desfase y la naturalidad con las que se siguen llevando a cabo estas temáticas. Si me dijeran que en el fondo todo esto es sólo una estrategia para que este género musical pertenezca a unxs pocxs separadxs del resto de la humanidad, me lo creería sin dudarlo y ni siquiera lo pondría en cuestión. Pero existen personas empeñadas en hacernos creer que la ópera puede (o es) un campo de cambio.

A Kajia Saariaho, considerada uno de los nombres más importantes de la música contemporánea “le entristece que tengan que seguir resaltando que es una mujer” pero considera que tiene sentimientos más importantes que reflejar en sus creaciones musicales. Nos hunde en un mundo interior cuyas temáticas obsoletas nos sirven de guía en medio de sueños y fantasías perfectamente tejidas, que la música de Saariaho es deliciosa no le cabe la menor duda a nadie.

Sin embargo, existe una paradoja en todo esto. La opera Only the Sound Remains de Kaija Saariaho sí es reivindicativa. Las escenas de amor que se producen están representadas por hombres (el contratenor Phillippe Jaroussky y el barítono Davone Tines). No se sabe exactamente la línea que separa el trabajo de Saariaho de la de su estrecho colaborador, Peter Sellars (director de escena) pero podría hacerme una idea. Lo que podéis comprobar las personas que hayáis leído algo acerca de Only the Sound Remains es que no existe ningún documento que mencione este detalle. Es decir, se han colado varias escenas gay en plena ópera pero las temáticas y los guiones de mano hablan de otros sentimientos. Al salir tuve la sensación de que la ópera estaba compuesta por un gay, sin embargo, estos elementos fueron los más que me conectaron a la contemporaneidad.

Puntualizo que Only the Sound Remains de Kaija Saariaho es reivindicativa pero no feminista por obvias razones. La fundamental es que una escena gay en una ópera no tiene nada que ver con el feminismo y la segunda es que ella misma lo corrobora en sus entrevistas. No se considera feminista y tampoco le interesa reflejar elementos de esta índole en sus obras, por lo que deduzco que la ópera está hecha a cuatro manos. La jugada es perfecta mientras el director de escena introduce sus deseos, los deseos de Saariaho no tienen nombre, permanecen en la subjetividad, tan solo son un espectro musical.

Aparte de lo que pudiera aportar esta reflexión en el mundo de la ópera (e incluso fuera de él), Saariaho es una de las pocas mujeres (si no la única) en ocupar el podio de nombres más prestigios en la historia de la composición, y esto sí es relevante. El tratamiento que realiza en la mezcla entre la música electrónica y los instrumentos acústicos logra que apenas se pronuncie en el oído del espectador, ésta es una de las razones más importantes que la convierten en una de las figuras más prestigiosas de la música contemporánea. Su ópera, Only the Sound Remains (sólo queda el sonido), es sencilla y profunda. El reparto no puede ser más pulcro y sugerente (incluso lxs artistas de lxs que se rodea para llevar a cabo sus creaciones). Para la escenografía contó con la pintora estadounidense de origen etíope, Julie Mehretu. La pintura de un solo lienzo en el escenario era el caleidoscopio perfecto que mediaba entre la voz aguda y hermafrodita del contratenor Phillippe Jaroussky y la voz sepulcral y terrenal del barítono, Davone Tines. Además, era el lienzo perfecto para que la música lo pudiera traspasar creando en libertad todo tipo de paisajes y ensoñaciones.   

La introducción de la bailarina, Nora Kimball-Mentzos pudo copar en algunos paisajes de la ópera la sencillez de la escenografía sin que se notara la intención. Ivor Bolton (director musical), más reconocido por su trabajo en la música antigua supo llevar a cabo con gran maestría una obra contemporánea de esta envergadura.

La orquestación es de lo más singular (es cierto que no hace falta colocar una gran orquesta en el foso). La introducción del cuarteto de voces, THEATRE OF VOICES completaba de una manera brillante las voces de los protagonistas, además de crear ambientes con elementos gestuales. Tan solo un cuarteto de cuerda, META 4 QUARTET, una gama muy rica en percusión dotada de un solo percusionista (Heikki Parviainen) que tenía que hacer frente a todo el instrumental fue uno de los elementos más asombrosos de la orquestación. El kantele, ejecutado por la instrumentista, Eija Kankaaranta fue el protagonista al tener que llevar a cabo las voces del laúd de uno de los personajes más importantes a lo largo de toda la ópera. Y por último, la flauta baja de la instrumentista, Camilla Hoitenga nos hundía en un mundo lleno de fábulas que se encuentran ancladas en nuestra imaginación.

Todo un compendio delicioso para una temática deplorable. De esta manera tan magistral se siguen perpetuando estereotipos imaginarios que son utilizados una y otra vez a lo largo de los años sin que nadie los cuestione. Cuando vayas a ver una buena ópera, amiga mía, cierra bien los ojos para no ver la traducción en la pantalla, olvídate de que existen temáticas (o no quieras saber nada de ellas) y déjate seducir sólo por la música, porque al final de todo, “sólo queda el sonido”.

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