A primera vista, se trata de un programa inconexo con obras de tres autores de estilos bien distintos; aunque en el otro lado de la balanza hay que señalar el hecho de que las tres –o al menos dos- son rarezas poco cultivadas no ya en Coruña sino en el resto de las orquestas españolas. La única coherencia que se me ocurre encontrarle es que se trata -en los tres casos- de piezas que merecen ocupar el final de un concierto, por tratarse de ejemplos de la mejor música que se hacía en la primera mitad del siglo pasado; a lo que debe añadirse el detalle de que su interpretación requiere de la plantilla sinfónica con todos los extras.
La primera conclusión, pues, ya se extrae antes de escuchar el concierto: la Sinfónica de Galicia no escatima ni en medios ni en honores para contar con los servicios del norteamericano Andrew Litton (Nueva York,…
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