De espectacular podríamos calificar el programa que la Orquesta Filarmónica de Málaga ofreció en su cuarto concierto de abono de la presente temporada. Un monográfico Shostakovich que, a la postre, podría ser considerado como toda una prueba de fuego para cualquier orquesta sinfónica que se precie. Y no digamos para un director musical. Aquí Manuel Hernández Silva puso de manifiesto, más allá de cualquier consideración intrínsecamente interpretativa, la paulatina pero al mismo tiempo implacable consolidación y crecimiento del conjunto sinfónico malagueño desde que asumió su dirección titular hace ahora cuatro años. La seguridad y concentración de los metales, cuya prestación mejoró incluso la cita precedente a propósito de la Sinfonía nº3 de Bruckner [leer reseña] o la precisión de las maderas, son solo una muestra de ello; aún queda…
Comentarios