Cuando en junio pasado se anunció la 30º Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga, quedó claro que el coliseo había decidido celebrar las tres décadas de ópera por todo lo alto, con tres platos fuertes, tutto Verdi: La traviata, Aida y Otello. Y para abrir la serie, un campanazo muy sonado: la presencia de Ainhoa Arteta en su papel fetiche, tras quince años sin cantarlo. La expectación era máxima, y no solo en la ciudad, sino también en el ámbito nacional, no exenta de algunas dudas, sobre todo por el repertorio actual de la soprano, centrado en el Puccini más pesado (Tosca y Manon Lescaut, a los que se unirán el año que viene Madama Butterfly y Minnie de La fanciulla del West, ahí es nada). Las entradas se agotaron rápidamente, confirmando, de nuevo, el hambre de ópera que hay en un público que responde con ganas ante las buenas…
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