“La viudez es el enemigo de los enamorados. Enfrentarse a la muerte del amado supone renunciar a éste y asumir la propia en soledad. Si el amor es la conjunción de dos caminos que se cruzan, la viudez no sólo nos obliga a separarnos, sino que, además, implica que sólo uno pueda acompañar al otro en el tránsito total de dicho camino. Sólo uno de los dos podrá sostener la mano del que se va. La viudez es doblemente injusta: nos obliga a despedirnos y separarnos de nuestro amado, y a la vez a no contar de vuelta con el apoyo que hemos ofrecido. La muerte, sin embargo, es cómplice de los enfermos. Con la muerte, nos liberamos de las cargas que nos atan a la vida física. La muerte extermina el dolor de la carne y destierra la pesadumbre de la mente, que vive permanentemente torturada por la mirada de los otros: los sanos”.
Con estas palabras…
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