Cuando veo la escena de la película El hombre mosca en la que Harold Lloyd cuelga de un reloj, la poca energía que no empleo en ponerme muy nervioso la dedico a pensar en Mahler. Sea por el parecido físico que me empeño en otorgarles al músico y al actor, sea por la metáfora que quizás represente esa imagen (la lucha desesperada del ser humano contra el tiempo que al fin y al cabo le verá caer), tan mahleriana, el caso es que la analogía me viene servida como de molde. Siendo por otra parte el caso de que una vez leí un libro, que ese libro se titulaba Concierto barroco, y no teniendo reparos en reconocer que los críticos tendemos a sacar el máximo rendimiento del mínimo esfuerzo, incluido el intelectual, me dio por considerar mientras Fischer espoleaba a su tropa que las manecillas del reloj de las que pendía Mahler eran su Novena…
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