Indudablemente uno de las referencias de la presente e atractiva temporada de abono de la Orquesta de Córdoba consistía en el programa que comentamos y, más particularmente, en el reto que a priori suponía una obra del calibre de la Sinfonía nº4 de Anton Bruckner, con su idiosincrasia armónica, tímbrica y, en general, estilística. En este sentido recordamos casi como un hito la interpretación de la Sinfonía nº2 del compositor austríaco dentro de la que fuera última temporada de Leo Brouwer al frente de la orquesta cordobesa allá por el 2001. En esta ocasión, también había mucho interés en comprobar la capacidad del nuevo director titular no tanto en manejarse con un repertorio que sin duda controla (fue muy comentado el impacto de la también bruckneriana Sinfonía nº5 con la Filarmónica de Málaga el pasado año) sino en obtener e imprimir…
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