En esto del criticar mucho se acostumbra a hablar del cómo, pero ¿y qué pasa con el con qué? ¿Acaso una orquesta sólo tiene músicos? ¿No tiene también instrumentos? Evidentemente, vaya cosas. Sin embargo, nadie se acuerda de los pobres instrumentos. Golpeados, rasgados, babeados… para que las glorias se las lleven otros. Rompamos entonces una lanza por los instrumentos. Que sí, que se lo merecen. Porque ese acorde de re menor con el que se abre la obertura de Don Giovanni puede ser interpretado con más o menos tensión abismal (altiva verticalidad que se asoma al castigo, pues ya se sabe que en el fondo de todo abismo que se precie hay un infierno), pero se interpreta con instrumentos. Y lo primero que sorprende al escucharlo en la versión que comentamos es la nítida belleza de su timbre, un fogonazo de luces sonoras, que da cuenta de la…
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