Un heterogéneo programa, si bien interesante en su variedad, en torno al mito de Don Juan, que tanta y buena música ha generado a lo largo de estos últimos tres siglos, se constituía como columna vertebral del concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica que comentamos.
Un concierto cuya irregularidad intrínseca se manifestó de la misma forma en las interpretaciones de un Daniele Rustinioni que, más allá de la excelente respuesta orquestal ofrecida por parte del conjunto sinfónico sevillano y tras un gesto nervioso, se mostró o expresivamente plano, o demasiado pesante, o bien ambas cosas al mismo tiempo. Fue el caso de una insípida obertura de Don Giovanni, demasiado pesada y de brocha gorda, o del poema sinfónico Don Juan en exceso extravagante e hinchado (aquí colocado igualmente a manera de obertura de la segunda parte, de lo…
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