Buena iniciativa de la OSCyL la de ofrecer un ballet representado en un espacio escénico que, sin estar pensado para que el aspecto visual conviva con la orquesta, sí es cierto que tiene bastantes posibilidades al respecto, por ejemplo cuando el grupo de músicos es reducido. Así ocurre con el encantador ballet Apolo, de Stravinski, una obra para orquesta de cuerda repleta de guiños al pasado y de armonías poco agresivas que resultó ideal para que los alumnos de la Escuela Profesional de Danza de Castilla y León “Ana Laguna", con sede en Burgos, desplegaran su arte a través de buenas dosis de energía.
Eché algo en falta en la coreografía de Edurne Sanz un poco más de lirismo y diferenciación de ambientes, si bien la variedad en las figuras, movimiento y localizaciones —patio de butacas, plataforma en el escenario, butacas elevadas tras…
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