Siempre es todo un acontecimiento el retorno de uno de los títulos más señeros y representativos de nuestra lírica como El barberillo de Lavapiés al escenario en que vio la luz en diciembre de 1874. Tras más de una década desde el transgresor y discutido montaje firmado por Calixto Bieito, que dividió a puristas y aperturistas, el Teatro de la Zarzuela en esta nueva producción ha apostado por lo seguro, por la discreción de lo tradicional, en un planteamiento que vuelve a resucitar la más pura esencia del casticismo madrileño que define a la obra original de Francisco Asenjo Barbieri, zarzuela de género grande con la que el compositor consiguió liberar finalmente a la lírica española del fuerte yugo de la influencia operística italiana para decantarse por un modelo de zarzuela netamente hispánica, con el sustrato de la música popular por…
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