No es habitual que Mahler y Bruckner suenen en un mismo concierto, sea por la extensión de sus obras, sea por lo dispar de su carácter, o sea por los sentimientos y emociones incompatibles que puedan provocar en el oyente. Pero en el caso de esta noche dos conjunciones permitieron obrar la rareza, y obrarla con éxito: por una parte, la brevedad de la pieza mahleriana; por otra, la sabiduría de Eliahu Inbal (Jerusalén, 1936), uno de los pocos maestros vivos igualmente experto en unas y otras lides.
El Mahler de Inbal se caracteriza por sacar a relucir sobre todo la transparencia de la orquestación del autor, por encima de lecturas psicoanalíticas o de visiones apocalípticas. Tanto más si se trata de una obra esencialmente intimista como los Kindertotenlieder, en la que el texto de los poemas de Rückert ya es lo bastante truculento como…
Comentarios