Potente sesión sinfónica la que se preveía para el número 16 del ciclo de abono de la OSCyL; por varios motivos, entre otros qué podría dar de sí el encuentro Pogorelich-Inbal, dos grandes personalidades del panorama musical de nuestros tiempos y puede que no tan nuestros, en un Concierto n.º 2 de Chopin que todo el mundo temía por las excentricidades del pianista de Belgrado.
No hubo choque de trenes, y en este sentido me parece de justicia hacer mención al increíble acompañamiento orquestal que Inbal y la OSCyL fueron capaces de brindar al solista. Se trata de un concierto ya muy difícil de acompañar; pero, con alguien tan radicalmente personal en cuanto a tempi, rubato, volúmenes, etc., el que la orquesta las pillara todas, sin descomponerse, con semejante transparencia y delicadeza, merece un encendido elogio. La experiencia de Inbal…
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