La despedida de Lawrence Foster como director titular de la OBC se ha producido este fin de semana con un programa integrado por obras de Kurt Weil y Mahler, repertorio que, cuando lo programó ya sabía que sería el último. Imagino que cuando lo definió anidaría en su pensamiento la pretensión de dar una vuelta de honor, como la que hacen los maratonianos cuando ya han acabado la carrera y, no satisfechos con los 42 kilómetros y pico reglamentarios, corren cuatrocientos metros más de propina.Al menos el viernes, día de asistencia de este plumífero, el público respondió solamente en parte. Hubo quien, y en un número notorio, enfiló hacia las puertas de salida cuando todavía resonaba el último acorde por la acústica del magnífico Auditorio, y hubo quien premió además del trabajo del día, en pie, la trayectoria de toda su etapa. No era…
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