Fin de una temporada en Les Arts que para ser “de transición” ha arrojado un balance en general bastante positivo. Y colofón con una Lucia que no ha desmerecido, al menos en lo que atiende al aspecto musical, las expectativas que desde su anuncio despertó. Y es que la parte visual, de considerable atractivo romántico (sin moverse de Escocia, traslada la acción al siglo XIX y se recrea en la ambientación natural de la pintura romántica), pese a lo acertado de su dosificación lumínica, lo preciso de su rico vestuario, lo ajustado del recurso videocreativo o el realismo de su escenografía, no dejaba de evidenciar el engaño, es decir, el cartón piedra, constatación que también se apoderaba de la dirección escénica (vamos, que por ahí me aburrí tanto como viendo La la land).
Y en cualquier caso, si no se le iba a intentar sacar nueva punta al…
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