España - Baleares

Tango Woman: arte y reflexión hecho danza

Eugenia Gallego

miércoles, 17 de julio de 2019
Palma de Mallorca, domingo, 28 de abril de 2019. Auditorium de Palma de Mallorca. Tango Woman. Ballet de Laura Macías y música original de José Teixido. Lucia Figueroa, Laura Vega y Sofia Klein, bailarinas solistas. Pasodos Dance Company. Escenografía de Gavin de Paor. Vestuario Maika Vilela. Guión de Jaime Larriba. Una producción de Pasodos Dance Company
Tango Woman © Pasodos Dance Company, 2019

La nueva propuesta de Pasodos Dance Company titulada Tango Woman nos lleva reflexionar y a su vez, a experimentar, sobre la realidad de la mujer y la construcción social a la que está sometida. El propio espectáculo está divido en tres vertientes argumentales, donde el hilo conductor de cada sección está determinado por una elección individual femenina, transportándonos a procesos divergentes y a la vez entrelazados entre si. Es en cada una de estas secciones donde se evidencia, en el imaginario del espectador, la presión social a la que está sometida la fémina.

La directora Laura Macías, junto al director de escena Gavin de Paor, aproximan brillantemente al público a la teatralidad de las escenas, siendo capaz de narrar con precisión las acciones argumentales para una asequible comprensión del ballet. Mediante guiños inteligentes en la escenografía caracterizados, a su vez, por la sencillez, se potenciaron el discurso dramático creando una narrativa condensada llena de momentos mágicos. Pondremos por ejemplo el uso de telas simulando un tendedero, la visión de un autobús hippie o el uso de una mecedora. Del mismo modo y centrándonos en su papel de coreógrafa, Laura Macías realiza un espléndido trabajo de ruptura de los estereotipos usuales de género desde una doble vertiente. En primer lugar, rompiendo clichés preestablecidos en la danza, donde la figura propia de coreógrafo ha sido idealizada como modelo de producto masculino, y en segundo lugar, realizando un ejercicio profundo de creatividad en obra nueva, donde el rol protagonista es tomado por una figura femenina y el cuerpo de baile al completo, tanto bailarines como bailarinas, forman un todo que las envuelve en el hilo argumental.

El vestuario creado por Maika Vilela también se caracterizó por su sencillez aunque no por ello menos efectivo. Encontramos detalles como vivos pañuelos o faldas coloristas que sin duda ayudaron al imaginario del espectador.

La música original está compuesta por el José Teixidó siguiendo una estética centrada en la música popular. Su aportación se basa en armonías con timbres étnicos, donde encontramos desde el uso de la balada a ritmos más complejos y elaborados, pasando, como no por el tango. Muy acertado la utilización de las voces, especialmente la mezcla entre la voz femenina y voz blanca, creando un momento cargado de emotividad y hechizo. Pese que añoramos la música en directo, dado la fuerza y emoción que transmite en vivo, la música grabada cumplió con su propósito, especialmente en lo referente a la variedad rítmica, dado que permitió a los bailarines realizar un hechizo rítmico, donde la explosión de técnica del movimiento hizo su aparición cargado de simetrías y asimetrías por partes iguales. Por otro lado, el uso de sonidos ambientales, como ambulancias o ruidos propios de la calle consiguieron situarnos de lleno en la acción.

Las bailarinas principales, Lucia Figueroa, Laura Vega y Sofia Klein tuvieron sus particulares momentos de brillantez, donde consiguieron que el aura de "un cuerpo único" encarnara al personaje principal, Luna, y que derivara de una rigidez expresiva a pasión de forma, consiguiendo liberar sus miedos y llegando a su propia aceptación. De manera especial, destacaremos la solvencia del papel de Lucia Figueroa, que durante el primer y el cuarto cuadro, supo articular un discurso donde se diluyó y mezcló el propio lenguaje académico del ballet clásico junto con danzas de perfil más contemporáneo, donde además, la estética más folk también hacía su propia aparición.

Por otro lado, los bailarines Oscar Baez y José Antonio Luque demostraron potencia física y un gran control del lenguaje del movimiento. Destacaremos a su vez, que Baez encarnó con fuerza, bravura y emoción un rol cargado de magia como es la evocación a Menfistófeles, personaje dibujado en los miedos de la protagonista, Luna, demostrando una sólida técnica y gran solvencia de recursos, De manera conjunta, el elenco de los cinco protagonistas se definió por una exhibición virtuosa de los patrones coreográficos, donde se yuxtapusieron las formas musicales presentadas con lenguajes corporales dinámicos y cargados de expresividad.

Por su parte, el cuerpo de baile al completo supo sustentar con dignidad el protagonismo que requería. La ocupación del escenario se manifestó con musicalidad en los movimientos, donde se mezclaron momentos de estatismo escultórico frente a una aceleración veloz de recursos. Desde el primer número, donde pudimos situarnos en una carrera de relevos, el enfoque clásico se fue mezclando, diluyéndose poco a poco, hacia las nuevas capacidades físicas más características de la danza contemporánea. Además, los bailarines especializados en tango aportaron personalidad, carácter y momentos que nos transportaron a sentimientos con tintes mágicos.

El entusiasmo del auditorio se hizo evidente durante los aplausos finales. El publico entendió que, en esta fantástica producción, los sentidos hegemónicos asociados a lo femenino y lo masculino se ponen en evidencia para obligarnos a una reflexión que permita discernirlos y a su vez, romper estereotipos mediante la creación de nuevas concepciones y relaciones. Pudimos escuchar vítores de gratitud y una gran ovación. Sin duda, este trabajo marcará un antes y un después en la estética creativa de la danza mallorquina.

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