Paco Azorín ve en Violetta Valery no a la extraviada del título, sino una mujer cuyo “Sempre libera” lejos de ser un desvarío momentáneo es el credo de una mujer libre que no tiene por qué arrepentirse de su pasado. Es como tal que decide cambiar una vida aceptando abandonar Paris con Alfredo. Pero, por favor, ¡nada de asociar su enfermedad con lo que padres, madres, esposos o hermanos verían como un castigo a sus extravíos de grande horizontale! “¡Como si no fuera posible agarrarse la tisis siendo una cófrade religiosa!”, me encontré pensando mientras conducía de vuelta al aeropuerto al día siguiente de una de esas noches mágicas de ópera bajo las estrellas, esta vez en el auditorio del parque del castillo de Peralada.
Que pensé todo esto mientras conducía es prueba de que Azorín sabe hacer pensar, y esto es lo que mas aprecio en un…
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