Con un Auditorio prácticamente lleno se ponía punto final a las Jornadas de Piano 'Ciudad de Oviedo' que otro año más habían acercado hasta la capital asturiana a figuras de relieve internacional como Leif Ove Andsnes, Zoltán Kocsis u Olli Mustonen. Sin embargo, el recital a cargo de Krystrian Zimerman era el que mayor curiosidad había despertado no sólo por la categoría del intérprete -uno de los pianistas de referencia de los últimos veinte años- sino también por sus conocidas manías, mezcla de divismo, egolatría y celo por su imagen. Poco después de empezar la primera de las obras hacía honor a esta fama e interrumpía por sorpresa su interpretación para increpar a una espectadora de la primera fila que supuestamente pretendía sacarle una foto o quizás grabarle con un Minidisc. Tras una breve frase en tono amenazador y gélida mirada…
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