España - Cantabria

400 velas para Barbara Strozzi

Roberto Blanco

martes, 20 de agosto de 2019
Herrera de Ibio, viernes, 9 de agosto de 2019. Iglesia de Santo Domingo. Barbara Strozzi, Cantatas a solo y a dúo: Sino alla norte (poema de Sebastiano Baldini); Mi fa rider (poema de Giovanni Pietro Monesi); Il lamento; Amor non si fugge; Begli occhi (poema de G. F: Loredano); Mentita (poema de G. F: Loredano); y Sospira, respira. Maria Espada, soprano. Marta Infante, alto. Ars Atántica (Calia Álvarez, viola da gamba; Ramiro Morales, archilaúd; y Manuel Vilas, arpa). Festival de Santander, 2019
Barbara Strozzi (?) © Bernardo Strozzi, c. 1630

Es indudable que el trabajo de las compositoras ha sido y sigue siendo ignorado regularmente por los promotores de conciertos y orquestas de todo el mundo, por lo que la propuesta del Festival Internacional de Santander en su 68 edición, de presentar a un grupo como Ars Atlantica con un programa monográfico sobre Barbara Strozzi (Venecia, 1619 – Padua, 1677) en el 400 aniversario de su nacimiento, debe ser saludada y aplaudida sin ambages. Un concierto, el celebrado en la iglesia de Santo Domingo de Herrera de Ibio, que ha servido para rendir tributo a esa gran compositora veneciana que supo enseñar, deleitar y conmover desde lo más profundo de su alma, llevando la “Teoría de los afectos” a su máximo esplendor; una compositora gloriosamente sofisticada que fue también una cantante estelar en su Venecia natal.

Ars Atlantica propuso una interesante selección de seis cantatas a solo y a dúo de Strozzi, interpretándolas con una delicada comprensión de su carácter agridulce. La mezzo Marta Infante y la soprano María Espada dieron muestras de su buen sentido del estilo, produciendo también un sonido exquisito y equilibrado que se desplegó con toda la flexibilidad necesaria para explotar todo el capital musical del lenguaje ampliamente emocional de Strozzi y logrando que la atención del auditorio no se distrajera ni un instante.

El devenir del concierto fue una travesía de marejadas y tormentas del alma, azotada por los estallidos del continuo en la mejor tradición retórica del canto barroco temprano. Audaces disonancias, vértigo en las resoluciones, poderío de una pulsación febril construida a base de arrebatos y relajaciones… la música al servicio total y exclusivo de la expresión.

¡Y cuánta variedad de afectos! Las cantatas elegidas permiten lamentos, o celebraciones de verdadero amor que se prestan también al ardor, a la nobleza, a las imprecaciones, a la extrema dulzura e incluso a la parodia cómica; permitiendo también a las cantantes una actuación notable por la forma sensible con  que captaron ese sentimiento general de amor frustrado o infeliz que se encuentra en el núcleo de dichas cantatas, desde la ondulada melodía que inicia la primera obra que abría el concierto, Sino alla morte, hasta el dúo de amor de Sospira, respira que lo finalizaba, describiendo los suspiros, la respiración y el dolor placentero del primer amor. Entre ambas obras, descubrimos la felicidad traducida en coloraturas de Mi fa rider; la expresividad plasmada en la línea vocal del lamento Sul Rodano severo, o las virtuosas agilidades del Canto di bella bocca. Y como propina, el sensual dúo de amor 'Ne meste piu' de la ópera de Cavalli Veremonda o l’amazone di Aragona.

Infante y Espada practicaron el arte de “parlar cantando” con una lengua suavizada por la disciplina, la plasticidad y la reactividad de una técnica impecable. Con buena dicción italiana supieron mostrarse a lo largo del recital como mujeres comprometidas, voluntariosas, voluptuosas, maravillosamente enamoradas y arpías en algún momento, sabiendo usar el terciopelo de sus timbres con alguna imprecatoria estridencia. Pero también, junto a los momentos trágicos, escuchamos oraciones dolorosas, susurradas por un corazón triste, un alma dolorida o un trágico imprevisto. Las voces de ambas cantantes son generosas, con cambios de registro fluidos gracias a un apoyo sólido que les permite transitar por los pasajes con naturalidad; y los fraseos, cargados de intención y expresividad permitieron escuchar a dos grandes intérpretes de este repertorio.

El acompañamiento instrumental de Ars Atlantica (Celia Álvarez, viola da gamba; Ramiro Morales, archilaúd; Manuel Vilas, arpa), en total simbiosis con las voces, se reivindicó como tal, haciéndonos revivir las lágrimas plenas de audacia musical de la gran compositora veneciana. 

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