El teatro, en cualquiera de sus manifestaciones, tiene un filón con las relaciones humanas. Un clásico, también en el cine, es la rivalidad de mujeres. Antes, la ópera dejó duelos imborrables: Norma y Adalgisa, Bolena y Seymour, María Estuardo e Isabel I, Isabel de Valois y la princesa de Éboli, Aida y Amneris, Turandot y Liù, Adriana Lecouvreur y la princesa de Bouillon, por citar unas pocas. Sin embargo, tanto por la época en la que se desarrollan como por la estructura dramático-musical de las óperas, es difícil que las mujeres actuales puedan identificarse con alguna de ellas.
No ocurre lo mismo con Vanessa, con mujeres de carne y hueso. Sin duda, la calidad literaria del texto, escrito por Gian Carlo Menotti, contribuye de modo decisivo a ofrecer personajes vivos, aunque me atrevería a decir que el libretista nunca tuvo a disposición…
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