Esta noche me correspondió una butaca casi al final de la inmensa platea de la sala, y -lo que son las cosas de la física: la música desafía la gravedad, y ese es uno de sus eternos atractivos- pude beneficiarme de una mejor acústica que anoche; de manera que salí ganando el doble, porque el cartel de hoy -cargado de mares y de amares- merecía un ambiente refinado. Vaya, pues, el primer elogio para Gianandrea Noseda por haber ideado un programa coherente en lo conceptual y equilibrado en delicadeza.
George Enescu no pudo escuchar en vida su Vox Maris, poema sinfónico para tenor, coro y orquesta, terminado en 1951 y estrenado en 1964. Algo más de veinte minutos para narrar impresiones marineras -marejadas, aventuras, sirenas, naufragios- con textos muy breves que transmiten más imágenes que palabras, con el lenguaje siempre atractivo de su…
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