Entre los muchos alicientes que supone la asistencia a un concierto destaca el conocimiento de una obra poco programada, la versión diferente de una pieza popular, o el encuentro con un intérprete nuevo. Los tres se dieron en la inauguración de la temporada de la Real Filharmonía de Galicia, esta vez no a cargo de su responsable artístico sino de la directora lusa Joana Carneiro (Lisboa, 1976), actualmente batuta principal de la Orquesta Sinfónica Portuguesa y del Teatro San Carlos.
Carneiro tiene la virtud fundamental de un director de orquesta: sabe mandar. Eso se demuestra con el convencimiento de que uno ha escuchado la interpretación que ella quería, tras las numerosas pruebas dadas a lo largo de la función: el gesto es enérgico, preciso y variado, y no sólo en los brazos sino en el cuerpo entero; la expresión facial resulta…
Comentarios