La Sinfónica de Castilla y León comenzó su temporada con un programa un poco extraño, que reunió a Dvořák, Wagner y Mozart (por este orden). Vistas individualmente, las interpretaciones de las obras fueron en general satisfactorias, aunque creo que, en parte por esta distribución y elección de programa, el público perdió algo de interés en la segunda parte.
Quizá el verdadero “problema” resida en lo alto que había puesto el listón Alban Gerhardt, con su brillante y a la vez honesta interpretación de la parte solista del Concierto para violonchelo de Dvořák, ya que es de esos intérpretes que se preocupan exclusivamente por la música y no por impresionar al público. Gerhardt siempre utiliza su espectacular fraseo con un punto de discreción que da seriedad y unidad a su estilo: un piano súbito, por ejemplo, nunca se basa en su evidencia, en…
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