Corporeidad serena, segura desenvoltura física, consciencia del espacio y cadencia flexible, no importa que firme. Antes de abrir la boca, Piotr Beczała transmite sobre el escenario un tipo inefable de honestidad, de naturalidad, uno no sabe si innata o duramente trabajada. Y lo mismo ocurre cuando canta. Todo bajo control con la mínima tensión aparente. Profesionalidad y disfrute. Y viceversa. El sonido nace sólida, profundamente cimentado en un orgánico pilar. La administración del aire se desenvuelve sin apresuramientos ni demoras. El color es noble, carnal, sin fisuras, rico en armónicos que no se derrochan. Los resonadores están tan bien gobernados y tan bien distribuidos que a veces parecen ajenos al cantante, y eso a pesar de las llamativas muecas de la mandíbula que siempre buscan la conformación más adecuada de la vibración. La…
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