En el abono n.º 3 de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León se pudo disfrutar del tradicional intercambio que este grupo realiza con algún otro del ámbito español. Esta vez le tocó a la Orquesta Sinfónica de Bilbao, que llegó acompañada de su director titular, Erik Nielsen, y del pianista Joaquín Achúcarro.
El concierto de Grieg es una de la obras fetiche de este gran solista, y desde luego no decepcionó. Su admirable forma de tocar el piano, su innegable musicalidad y todos esos hallazgos que parecen haber sido cocinados a fuego a lento están ahí, con lo cual Achúcarro brindó momentos simplemente inmejorables. Hay una alquimia especial entre el pianista y esta obra, en ese encanto que surge por todas partes a partir de una alegría paladeada y nunca pesante. No hay exhibicionismos ni brillantez que anteponga el solista a la obra, sino…
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