Durante los últimos años, muchas veces me he quejado de la falta de una auténtica dirección artística que se atenga a la misión y a los medios de la Real Filharmonía de Galicia, cuyo resultado es una programación errónea o interpretaciones de bajo nivel. La responsabilidad recae a partes iguales entre quien ostenta el cargo –Paul Daniel- y los políticos de las tres Administraciones que componen el Consorcio de Santiago, que es quien paga: el uno parece que no está, y a los otros ni siquiera se les espera (sobran cuatro dedos de una mano para contar los Delegados del Gobierno, los Conselleiros de Cultura y los Alcaldes de Santiago a quienes se les haya visto el pelo en el Auditorio de Galicia).
El concierto de esta noche no debería ser la excepción que confirma la regla. De hecho no lo es, porque el concierto de la semana pasada fue…
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